17 de enero de 2018

Ópera en el cine: Rigoletto ROH 2017/18

Rigoletto - ROH 2017/18

Esta ópera fue retransmitida en directo desde el Royal Opera House de Londres por Versión Digital para España y proyectada en diferentes salas de cine (Cinesur, Cinesa, Kinépolis, Ocine, etc.), a las 20:15, hora española, ayer 16 de enero de 2018. Tengo que agradecer a Versión Digital y a su equipo de marketing el que por primera vez me obsequiaran con un par de entradas para asistir al evento en cualquier cine de mi elección en todo el territorio nacional. El precio de la entrada, que puede estar sujeto a variación según la cadena de cines, me consta que en Cinesur fue de 17€, que además, como ya es habitual, obsequió a los asistentes con un ambigú en el intermedio, en esta ocasión, llamativamente abundante.

Rigoletto es la primera ópera, de lo que se conoce como trilogía popular en la producción operística de Verdi, seguida por Il Trovatore y La Traviata. Es una obra imprescindible del repertorio y programada temporada tras temporada en los teatros de todo el mundo. La pasión, la venganza, el amor y el engaño, están presentes y otorgan al conjunto toda una amalgama de sentimientos universales e intemporales. Con esta serie de ingredientes, paso a analizar la función que se cocinó ayer.

La producción que se presentaba era del escocés David McVicar, un destacado director de escena y habitual por estos lares. La propuesta escénica fue un claro ejemplo de cómo hacer mucho con poco. Me explico. Al margen de la complejidad técnica de un, ya nada novedoso, escenario giratorio, sólo con un gran lienzo de forma trapezoidal, con su soporte trasero a modo de caballete, y una pasarela acabada en escalones, McVicar nos transportó del palacio ducal al hogar de Rigoletto y vuelta para por fin acabar en la casa de Sparafucile a orillas del río. Abundando en el tema, podemos definirla como una producción de corte clásico, no profusa pero con fuerza y muy atractiva. La primera escena, en el palacio del duque de Mantua, derrochó lujuria y lascivia a raudales. Seguramente esté en mi top 3 de cuantas cortes libertinas haya visto nunca. Desnudos femeninos y alguno masculino, igualdad ante todo, que supusieron un conjunto bastante conseguido y una forma inmejorable de empezar la función. Las casas, tanto de Rigoletto como de Sparafucile, estuvieron acomodadas en la parte trasera del lienzo y con la acción en dos niveles dio bastante juego para las escenas de conjunto. El coro y los figurantes, bien dirigidos, se movieron con buen criterio a lo largo de la escena contribuyendo a dar veracidad a los acontecimientos.

La escenografía, a cargo de Michael Vale, fue elegante y, aun sin alardes, consiguió crear una atmósfera opresiva en la corte, sobrecogedora en la casa del sicario y desgarradora en los solos de Rigoletto. Gran mérito, ante la sobriedad de la escenografía, tuvo la iluminación, encargada de enfatizar cada momento a lo largo de la obra. Como aspecto negativo podemos señalar dos breves pausas entre cuadros, innecesarias, por ser un escenario giratorio, e inexplicables por no aportar nada tras la reanudación, que interrumpieron la línea dramática. Del vestuario de Tanya McCallin sobresalió la apariencia con la que quiso caracterizar a Rigoletto, menos bufón y más tullido que otras veces. El resto, en la línea de unos vestuarios cuidados de una producción clásica y en consonancia con la propuesta escénica.

En líneas generales, esta producción, seduce y transporta a pesar de su aparente simpleza. Su éxito radica en que sin ahogar espacialmente a los intérpretes, los oprime atmosféricamente.

En cuanto al reparto, no tenía demasiadas expectativas, por sospechas sobre los que no conocía y recelo por el que sí conocía. Al final, hubo de todo, a saber: el barítono griego Dimitri Platanias fue, en mi opinión, el triunfador de la noche. Construyó un Rigoletto muy creíble en lo escénico y solvente en lo vocal. Además de su timbre agradable cantó con entrega y compromiso. Su noble interpretación me dejó buenas sensaciones y un nombre que seguiré de cerca. Sublime Cortigiani, vil razza, acompañado del chasquido de las espadas de los cortesanos. La otra cara de la moneda fue el tenor estadounidense Michael Fabiano en el rol del duque de Mantua. Ya tenía ciertos prejuicios por el Rodolfo de La Bohème que le vi cantar hace unos meses en ese mismo escenario, pero lo de ayer ya me pareció una tomadura de pelo. Directamente es un cantante que no tiene aptitudes para cantar a este nivel. Vive de lanzar agudos afilados pero carece de técnica, fraseo, etc., a veces me da la impresión de que se inventa notas y acaba destrozando la partitura. Segunda oportunidad, segundo suspenso. Tampoco me convenció Lucy Crowe como Gilda, si bien es cierto que la soprano británica ha cancelado alguna función anterior siendo sustituida a última hora por la española Sabina Puértolas. Desconozco si arrastra algún problema vocal pero su voz parecía velada y solo destacó en algunas coloraturas. Su primer dúo con el duque, para olvidar. No es una Gilda que vaya a recordar y está muy lejos de la última a la que vi cantar, Désirée Rancatore. Mejor suerte para el bajo italiano Andrea Mastroni como Sparafucile. Una voz rotunda y con cuerpo a la que acompañó con una interpretación consecuente con su rol. La Maddalena de la mezzosoprano búlgara Nadia Krasteva, cumplió con su reducido protagonismo. Muy entregada en la interpretación y correcta en lo vocal aunque poniendo de manifiesto que es una mezzo para papeles secundarios. Tapada por completo en el cuarteto Bella figlia dell’amore. Del resto de comprimarios James Rutherford como Conde Monterone o Dominic Sedgwick como Marullo, poco que reseñar.

El coro del ROH, es una garantía y así lo demostró. Últimamente había alguna actuación en la que le ponía alguna pega pero ayer me parecieron precisos en todas sus intervenciones.

La dirección de la orquesta a cargo de Alexander Joel, tuvo algunos altibajos. Con las consabidas limitaciones de la sala de cine, en ocasiones sonaba poco limpia y emborronada, como en el primer encuentro de Rigoletto y Sparafucile. Tuvo la molesta costumbre de acelerar los tempos al final de cada número y atropelló sin piedad a los cantantes en el final de la Vendetta. Destacar lo simpático y pedagógico que estuvo explicando algunos pasajes de la obra en el intermedio.

En definitiva, fue un Rigoletto disfrutable, sobre todo por la elegante producción de McVicar y la inesperada interpretación de Dimitri Platanias. Por contra hubo que tragar saliva ante alguna actuación poco afortunada y demasiado protagonista. Agradezco de nuevo a Versión Digital el detalle de enviarme entradas para esta función y espero que podamos establecer una fructífera colaboración.


RIGOLETTO de Giuseppe Verdi

Duque de Mantua
Michael Fabiano
Rigoletto
Dimitri Platanias
Gilda
Lucy Crowe
Sparafucile
Andrea Mastroni
Maddalena
Nadia Krasteva
Giovanna
Kathleen Wilkinson
Conde de Monterone
James Rutherford
Marullo
Dominic Sedgwick

Director
Alexander Joel
Director de escena
David McVicar
Escenografía
Michael Vale
Diseño de vestuario
Tanya McCallin

Royal Opera House, Londres, 16 de enero de 2018

7 de noviembre de 2017

Turandot en el Teatro Cervantes 2017/18

Turandot - Teatro Cervantes 2017/18

Aunque por motivos de conciliación familiar no me prodigo en el blog lo que me gustaría, y ya que mi tribuna sigue abierta, la aprovecharé para explayarme cuando las redes sociales se me queden cortas de espacio.

Por primera vez escribo aquí sobre el teatro de mi ciudad, el Teatro Cervantes de Málaga, España, para los seguidores foráneos. Después de una serie de temporadas en precario, con escasamente un título salvable en cada una y el resto producciones de saldo enlatadas, ésta, la número 29, se presenta ilusionante en una ciudad que ya iba mereciendo subir el listón.

La elección de la obra inaugural, Turandot, una ópera del repertorio habitual, ha resultado un acierto en la programación. También que la propuesta más ambiciosa de la temporada sea la primera es una declaración de intenciones de que algo está cambiando en Málaga. He acuñado el término “efecto Turandot” y espero que este sea el tan necesario punto de inflexión para elevar la lírica en esta ciudad al lugar que le corresponde por población y afición.

Turandot fue la última ópera compuesta por Giacomo Puccini, que además quedó inconclusa por su repentina muerte, siendo terminada por el también italiano Franco Alfano, que orquestó el final, desde la muerte de Liù, valiéndose de algunas notas del autor y rescatando pasajes de otros momentos de la obra.

Esta producción que se nos presentaba en Málaga procedía del Teatro de la Maestranza de Sevilla donde se representó en la temporada 2009/10 y que venía remontada de una producción del Teatro La Fenice de Venecia estrenada en la temporada 1997/98. A pesar de los casi 10 años de antigüedad de la misma el despliegue técnico y la complejidad escenográfica parecieron propios de teatros de una categoría en la que siempre debiera estar el Cervantes.

Con estos mimbres se programaban dos funciones, viernes y domingo, que a las pocas horas de ponerse a la venta colgaban el cartel de “no hay billetes”, circunstancia que provocó que el ensayo general del miércoles se convirtiera, de facto, en una tercera función, en la que para conseguir una invitación hubo que hacer una cola kilométrica. Desde la gerencia del teatro podrían tomar nota para el futuro y calibrar la expectación, pues mucha gente interesada se ha quedado sin asistir, programando una tercera función.

Después de esta introducción con tintes reivindicativos vamos a analizar la función a la que asistí el pasado domingo, día 5 de noviembre.

El director de escena, Emilio López, demostró gran habilidad para coordinar a un buen número de miembros en el escenario. Esta ópera, casi como ninguna otra, se presta a la muchedumbre en escena y es muy meritorio el que todo sucediese en el tiempo y forma adecuados. Detalles como el despliegue de pergaminos por parte de los sabios, las tentaciones a Calaf con las doncellas de la princesa, el robo de la daga con la que se suicida Liù, etc. Todo bien trabajado aunque con la ventaja de ser una producción más o menos trillada. Como nota negativa la posición lateral a la que quedó relegado el emperador, restándole la solemnidad que requiere su lugar presidiendo la escena. Un ejemplo de talento en la dirección, acompañado de las cualidades vocales que exhibieron, fue la escena de los ministros al comienzo del segundo acto. Difícil hacer más con dos simples mesas auxiliares y el telón bajado, sin que el espectador echara en falta nada. Un acierto ese conjunto.

La escenografía rotatoria ofreció dos caras, la gran cabeza coronada y el altar del palacio, también algunos estados intermedios que dieron más juego. Hoy en día no vamos a inventar los escenarios rotatorios pero hay que reconocer que los primeros teatros del mundo los siguen usando como recurso, en cualquier caso, dio empaque al conjunto y transmitió grandiosidad. Vamos bien. El vestuario que también hizo el camino desde la capital hispalense fue el apropiado, siempre tomando como referencia para las producciones de corte clásico la histórica de Franco Zeffirelli. Mención especial merece el equipo de peluquería y maquillaje pues la caracterización de los no pocos personajes en escena fue fabulosa. Este aspecto sí fue marca de la casa.

En cuanto al reparto, un nombre destacaba por encima del resto. La soprano canadiense Othalie Graham, que había generado gran expectativa por su caché de talla internacional, cumplió con el complicado rol de la princesa de hielo. Por fin una gran diva visitaba Málaga. Su potencia vocal fue incontestable así como su dominio de una partitura tan exigente para su cuerda que pocas sopranos pueden abordar con solvencia. A nivel escénico fue una gigante con una presencia y actitud cautivadoras. Desconozco como se desenvolverá en otros roles pero parece nacida para ser la princesa Turandot. Lamentablemente, y bajo mi humilde opinión, el tenor murciano Eduardo Sandoval no estuvo al nivel del resto del reparto. Mal tanto en el material que exhibió como en la técnica, se le vio esforzado pero sin éxito. No le recordaba así cuando cantó Canio de Pagliacci en este mismo teatro hace dos temporadas. A pesar de los esfuerzos del director por no taparlo con la orquesta no se impuso en ningún momento y solo mostró algún signo de mejoría al final pero dejando un muy descafeinado Nessun dorma. La Liù de la soprano andaluza Ruth Rosique estuvo mejor actuada que cantada, aun así dejó buen sabor de boca en su segunda intervención con su desgarradora muerte. Mostró un vibrato un tanto desagradable al comienzo que hace pensar que su voz sea más adecuada para otro tipo de repertorio. Felipe Bou fue un magnífico Timur de timbre agradable y potencia adecuada a pesar de la dificultad de cantar tumbado en el tercer acto. Muy destacada la actuación de los tres ministros Pong, Ping y Pang, por ese orden de mejor a peor, a saber, Luis Pacetti, Antonio Torres y Emilio Sánchez, aunque en conjunto resultaron uno de los grandes aciertos de la noche, sobre todo en su momento cumbre al inicio del segundo acto. Divertidos y comprometidos a partes iguales. Muy bien cantando, quizás demasiado por ser más un papel de carácter, el emperador de Cipriano Campos. El mandarín de Juan Manuel Corado, correcto sin más.

Intercambio de tweets con la protagonista

El coro de Ópera de Málaga estuvo sublime, aunque algunos lo desconozcan, por suerte cada vez menos, es uno de los grandes valores artísticos de la ciudad. Está a un nivel de reconocimiento nacional y ya no es sorprendente que sean de lo más destacado de la función. Salvador Vázquez, su director, tiene mucho mérito en esto. La Escolanía Santa María de la Victoria con su director Narciso Pérez del Campo, también cumplieron con la cita.

La dirección de la Orquesta Filarmónica de Málaga a cargo de Arturo Díez Boscovich fue otro de los atractivos de la noche. Se percibió mucho trabajo en la preparación y transmitió entusiasmo durante la representación. Que la OFM es una gran orquesta no es noticia, pero en sus manos la ópera en Málaga brilla con luz propia. También lo percibí así en el último L’Elisir d’amore que dirigió temporadas atrás. El joven director malagueño, tiene mucho talento y aunque parece encasillado en las bandas sonoras y la música cinematográfica, no debería descuidar a la ópera pues tiene potencial para ser un referente y en Málaga siempre debería contarse con él.

En definitiva, este Turandot ha resultado un éxito con muchas luces y pocas sombras. Esta primera ópera y la planificación de la temporada nos ha reconciliado a muchos con la gestión del Teatro Cervantes con respecto a la lírica. En Málaga los días previos se ha respirado ópera, espero y deseo que este “efecto Turandot” haya llegado para quedarse.

TURANDOT de Giacomo Puccini

Turandot
Othalie Graham
Calaf
Eduardo Sandoval
Liù
Ruth Rosique
Timur
Felipe Bou
Ping
Antonio Torres
Pang
Emilio Sánchez
Pong
Luis Pacetti
Emperador Altoum
Cipriano Campos

Director
Arturo Díez Boscovich
Director de escena
Emilio López
Escenografía
Teatro de la Maestranza
Diseño de vestuario
Teatro de la Maestranza

Teatro Cervantes, Málaga, 5 de noviembre de 2017

11 de julio de 2017

Don Giovanni en el Liceu 2016/17

Don Giovanni - Liceu 2016/17

El pasado sábado, día 1 de julio, tuvo lugar mi bautismo de fuego, nunca mejor dicho tratándose de esta obra de Mozart, en uno de los principales templos mundiales de la ópera: el Gran Teatre del Liceu de Barcelona.
Que mi primera vez en el Liceu no haya llegado hasta ahora obedece a la distancia que lo separa de Málaga, mi ciudad. Ésta y otras circunstancias, han favorecido que hayan sido más frecuentes las visitas al Teatro Real de Madrid, a las que sumaré una más mañana con la Madama Butterfly de Ermonela Jaho que, como ya lo hiciera meses atrás con el público del Covent Garden, está haciendo las delicias de los aficionados madrileños.

El otro día, como consecuencia del debut de Jonas Kaufmann como Otello, escribía sobre la importancia de las “cosas” que ocurren por primera vez. Algo así sentí el pasado sábado cuando cruce el umbral de la puerta de entrada al Liceu. El mismo cosquilleo que tiempo atrás percibí cuando viajé a Madrid para ver Parsifal en el Teatro Real, o cuando experimenté las retransmisiones de ópera en el cine con un Così fan tutte desde el MET, magistralmente dirigido por James Levine, o, por supuesto, con mi primera ópera de siempre, Lucia di Lammermoor, en el Teatro Cervantes de Málaga. Hechos que, si bien se han repetido con posterioridad, incluso con más éxito en alguna ocasión, no emborronan el recuerdo de aquella primera vez.

Centrándome en el tema, motivo de esta entrada, voy a comentar mis impresiones sobre la función, penúltima de las diez programadas y última del reparto al que haré referencia, de este Don Giovanni.

Este dramma giocoso en dos actos de Wolfgang Amadeus Mozart con libreto en italiano de Lorenzo da Ponte es, para muchos, la gran obra maestra del compositor salzburgués, con permiso de las otras dos colaboraciones de éste tándem, Le nozze di Figaro y Così fan tutte o La flauta mágica o El rapto en el serrallo, por citar las cinco principales. Lo que hace tan atractiva a esta ópera tragicómica es que en ella puedes encontrar de todo, desde escenas de enredo al más puro estilo de vodevil hasta momentos terríblemente dramáticos, todo ello cimentado sobre una amalgama de personajes que reclaman su cuota de protagonismo a lo largo de la obra.

El director de escena, Kasper Holten, ofrece esta producción high-tech con la última tecnología de proyecciones y efectos sobre un escenario rotatorio que con sus escaleras y plataformas confiere al conjunto un dinamismo indiscutible. Se trata de una coproducción del Liceu junto con la Royal Opera House, la ópera de Israel y la de Houston que ya se ha comercializado en DVD y Blu-ray y puede adquirirse aquí.
La tecnología punta al servicio del espectáculo hace que la producción sea de gran impacto tanto para el aficionado como para el que se acerca a la ópera por primera vez. Personalmente considero que hubo un abuso de las proyecciones sin aparente relación con la trama, que parecía obedecer más a una amortización del despliegue técnico que a una justificación narrativa. La dirección de escena sobre los cantantes se vio muy trabajada y junto con los figurantes y el continuo movimiento del escenario consiguieron que no decayera la atención en ningún momento. Si acaso poner un par de peros. Por un lado, la escena del cementerio no tuvo una correspondencia escenográfica por lo que podía desorientar al espectador que no conociera la obra. Por otro lado, aunque al principio hice referencia al fuego, luego no fue tal, ya que en palabras del director “para alguien como Don Giovanni, un lugar con fuego no creo que pueda asustarle, tal vez un lugar de eterna soledad, sin nadie con quien comunicarse; esta podría ser la idea de infierno para él”. En mi opinión, desconcertante final que no hace justicia a la tensión dramática del momento.

La escenografía a cargo de Es Devlin, como ya he comentado muy dinámica y no exenta de riesgo para los cantantes, por el ir y venir escaleras arriba y abajo, pero impresionante para el público. La laberíntica mansión ofrecía muchas posibilidades y estuvo excelentemente iluminada en todo momento. Anja Vang Kragh encargada del vestuario, fue una de las triunfadoras con unos diseños clásicos de estampados modernos que fueron el complemento perfecto pues hablaban el mismo lenguaje que esta vanguardista producción.

En cuanto al reparto, no sé si era el principal o el secundario, muy compensado, si se me permite, más incluso que el otro propuesto. La decisión en la composición de los mismos daría para otra entrada del blog que ya abordaré en otro momento. En el papel principal mi paisano, el barítono malagueño, Carlos Álvarez, al que le he visto esta temporada cantar un sensacional Rigoletto como os conté aquí y que, a pesar de que éste es uno de sus grandes personajes que domina a la perfección, noté un poco fatigado y falto de potencia vocal. Gran interpretación pero quizás acusó el desgaste del final de temporada. Estupendo Simón Orfila en un rol tan importante como el de Leporello. El barítono menorquí se encuentra en el momento álgido de su carrera. Los papeles femeninos estuvieron muy bien defendidos empezando por el lujo de contar con la Zerlina de Julia Lezhneva, talento ruso de tan solo 28 años; la soprano griega Myrtò Papatanasiu como Donna Elvira en el rol más complicado de la obra que cantó con solvencia; y Vanessa Goikoetxea, la soprano vasca nacida en Florida, como Donna Anna, que brilló con menos intensidad por comparación con sus compañeras de reparto. Otro lujo fue contar con el Don Octavio de Toby Spence, tenor británico con caché suficiente como para ser protagonista meses atrás como el capitán Vere en el Billy Budd de esta temporada del Teatro Real. Para terminar, mención especial al ilustre Eric Halfvarson, en el ocaso de su carrera, después de ser referencia en el repertorio wagneriano y que ahora cosecha ovaciones allá donde va, interpretando papeles menores, en este caso, como el Comendador. Toni Marsol, un barítono de la casa, simplemente correcto como Masetto.

El coro del Gran Teatre del Liceu demostró gran nivel en los momentos en los que la partitura le dio la oportunidad. Aunque menos vistoso que en otras óperas no hay duda de que están preparados para lo que se espera de este teatro.

La dirección de la Orquesta Sinfónica del Liceu a cargo de su titular Josep Pons fue una delicia. Estuvo a la altura de lo que supone interpretar a Mozart, a saber, melodías claras, limpias texturas orquestales y estructuras de equilibrio y proporción. Maestría en esta difuminación de la frontera entre lo serio y lo bufo. Es uno de nuestros grandes activos a nivel nacional. El lunar, aún no está muy claro a quién es imputable, el acortar el sexteto final, que los cantantes interpretaron desde el foso, sin una explicación razonable.

En definitiva, no puedo estar más satisfecho con mi primera visita al Liceu. Aunque la predisposición y los ingredientes apuntaban a glorioso tenía que materializarse. Cerca estuvo esta incursión en el teatro barcelonés de ser desbancada por la primera opción, viajar a Londres al debut como Otello de Jonas Kaufmann. El tiempo ha demostrado que salí ganando. Espero volver pronto.

Ópera desde el sofá en el Liceu

DON GIOVANNI de Wolfgang Amadeus Mozart

Don Giovanni
Carlos Álvarez
Leporello
Simón Orfila
Donna Elvira
Myrtò Papatanasiu
Donna Anna
Vanessa Goikoetxea
Don Ottavio
Toby Spence
Zerlina
Julia Lezhneva
Masetto
Toni Marsol
Il Commendatore
Eric Halfvarson

Director
Josep Pons
Director de escena
Kasper Holten
Escenografía
Es Devlin
Diseño de vestuario
Anja Vang Kragh

Gran Teatre del Liceu, Barcelona, 1 de julio de 2017

29 de junio de 2017

Ópera en el cine: Otello ROH 2016/17

Otello - ROH 2016/17

Esta ópera fue retransmitida en directo desde el Royal Opera House de Londres por Versión Digital para España y proyectada en diferentes salas de cine (Cinesur, Cinesa, Kinépolis, Ocine, etc.), a las 20:15, hora española, ayer 28 de junio de 2017. El precio de la entrada, que puede estar sujeto a variación según la cadena de cines, en mi caso fue de 17€ en Cinesur, que además, como ya es habitual, obsequió a los asistentes con un pequeño ambigú en el intermedio.

Como dato relevante sobre el alcance de estas retransmisiones en directo, destacar que la ópera fue proyectada en 1001 salas de cine de 28 países y en 9 idiomas diferentes.

Otello es una obra fruto de la larga y exitosa trayectoria compositiva de Verdi, circunstancia que se aprecia de principio a fin en este drama shakesperiano. En esta ópera reconocemos momentos de puro Verdi pero con la vuelta de tuerca que supuso la evolución en su forma de componer, por eso, entre otras cosas, es tan apreciada por la mayoría del público. Sin números claramente diferenciados en los que dar rienda suelta al fervor, la obra funciona como un continuo en el que crece la tensión dramática hasta el fatal desenlace. Vamos a analizar la función de ayer.

La producción, como ya se adelantó en la preparación previa, estuvo dirigida por el británico Keith Warner. Esta propuesta, al igual que la que mostró Bartlett Sher en el MET, tampoco es la definitiva. A mi juicio, no solo no aportó nada a la trama, sino que por momentos lastró la función. La escena inicial de la tormenta fue poco rotunda, para lo que exige la partitura; no hubo recreación de ambiente de taberna y la mayoría de situaciones con muchos personajes en escena dieron la sensación de no tener un rumbo marcado por el director de escena. Para colmo, la producción fue oscura hasta decir basta en los dos primeros actos. Luego fondo blanco, que pasó a rojo y todo enmarcado en una caja negra con elementos móviles que no hacía más que encorsetar la escena. Como nota positiva, alguna metáfora bien traída como cuando Otello se mira al espejo y ve su reflejo con una máscara o la habitación del último acto, correctamente iluminada y con los protagonistas bien situados.

La escenografía, a cargo de Boris Kudlicka, no me convenció lo más mínimo. La idea de la caja negra y de contrastar lo muy oscuro y lo muy luminoso no fue un valor añadido. Tanto las plataformas de las que emergieron algunos personajes como el saliente lateral a modo de trampolín parecían una broma más que un efecto dramático. El león de San Marcos, visto y no visto, que luego aparece troceado; Otello jugando a los barquitos; la pared de graffitis con mensajes subliminares o la cascada de sangre en el suicidio de Otello, para olvidar. Además del último acto ya mencionado, salvaría el momento final del primero con Otello y Desdémona subiendo a la habitación o el coro que le dedican a Desdémona en el segundo acto, ambas situaciones bien compuestas e iluminadas. En el vestuario de Kaspar Glarner tampoco encontramos la tabla de salvación de esta producción. Indumentarias sin demasiado encanto y un peinado, el de Emilia, a modo de antena parabólica que distraía, por lo rocambolesco, más que otra cosa.

En líneas generales, esta producción, en la que no tenía muchas expectativas, no estuvo al nivel de lo que la cita tan señalada requería. Al menos en lo visual, no será este el Otello definitivo que esperaba encontrar.

En cuanto al reparto, todas las miradas apuntaban a Jonas Kaufmann desde su Esultate! Como es habitual, él y el resto, fueron de menos a más. Quizás se le vio con el freno de mano echado en los dos primeros actos aunque terminó dejando muy buen sabor de boca con la entrega a la que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, sembró la duda sobre si ese nadar y guardar la ropa obedece a que no está al cien por cien vocalmente o si es que necesita pulir esta primera aproximación al rol. En cualquier caso, puede que a medio gas cante Otello mejor que cualquiera de sus contemporáneos. La soprano italiana Maria Agresta cumplió con una Desdémona muy bien cantada sin aparente esfuerzo, con un destacado último acto y dejando muestras de un timbre agradable y buena técnica. Con el invitado de última hora, Marco Vratogna, por la baja del barítono Ludovic Tézier, se dio la curiosa circunstancia de contar con un tenor, el alemán Jonas Kaufmann, con voz baritonal, y este barítono italiano de voz atenorada. De los tres principales, vocalmente fue el menos destacado. Aunque el de Yago es un papel complejo, intentó compensar la falta de cualidades vocales abundando en la vileza del personaje, cayendo en ocasiones en falta de elegancia. Construyó un Yago más canallesco que maquiavélico. Del resto de personajes destacar el Cassio del tenor canadiense Frédéric Antoun del que ya hablamos en la entrada dedicada al Così fan tutte de la Ópera de París y que atesora una bonita voz y capacidad para asumir papeles más relevantes. Correctos en su escaso protagonismo la Emilia de la mezzosoprano estonia Kai Rüütel y el Lodovico del bajo coreano In Sung Sim.

El coro del ROH, una vez solventados los problemas técnicos de volumen, entiendo que imputables a la sala de cine, sonó con la magnitud y unidad a la que nos tiene acostumbrados. Lástima la tibieza del primer acto, por esa deficiencia en el ajuste, y la dirección de escena que los mantuvo demasiado estáticos.

La dirección de la orquesta a cargo de Antonio Pappano, no empezamos a disfrutarla hasta que no estuvo calibrado el sonido de la sala de cine, al comienzo del tercer acto. Fue entonces cuando se percibió las ganas que tenía de montar este Otello con su admirado Jonas Kaufmann. No hay duda de que la orquesta de la ROH es de primer nivel, pero bajo la batuta de Pappano suena fulgurante y llena de matices en los pasajes más delicados, como en el cuarto acto, donde estuvo soberbio.

En definitiva, este Otello tan esperado en todo el mundo estuvo raspando el notable gracias a la actuación vocal. La anodina producción y la ausencia del barítono programado fueron una rémora que perjudicó la función. Tanta expectación siempre es peligrosa pues es fácil no llegar al nivel esperado. No obstante, es una gran noticia que Kaufmann haya abordado por fin el rol, pues a buen seguro llegará a cantar un Otello glorioso. Aquí estaremos para contarlo.

OTELLO de Giuseppe Verdi

Otello
Jonas Kaufmann
Desdémona
Maria Agresta
Yago
Marco Vratogna
Cassio
Frédéric Antoun
Roderigo
Thomas Atkins
Emilia
Kai Rüütel
Lodovico
In Sung Sim

Director
Antonio Pappano
Director de escena
Keith Warner
Escenografía
Boris Kudlicka
Diseño de vestuario
Kaspar Glarner

Royal Opera House, Londres, 28 de junio de 2017